viernes, 30 de septiembre de 2011

Apoyo

Argumentos que giran alrededor de una misma cosa: Miedo. Miedo a hacer daño, a caer de nuevo, a sentir, vivir, compartir.

Es un niño temeroso que sentado con sus piernas retraídas se sumerge en sí mismo viendo la realidad desde una ventana empañada por sus sueños, lo que es y lo que quiere llegar a ser.

Le han hecho daño y eso le causa aún un gran pesar. Heridas marcadas a fuego que ni hacen ni quieren dejar hacer; presentes, cerradas, aún así marcadas. Y es que el recuerdo muchas veces es peor que la vivencia misma, y es que el temor de revivirlo es más fuerte que las ganas de seguir hacia adelante.

No temas, yo estoy aquí, no sufras yo voy a estar para ti. Como una madre abraza a su hijo en medio de su desesperación diminuta y frágil, como el vaivén de un arrullo: suave y tierno, cariño sentido a flor de piel que no quema pero que aún así calienta. Déjate hacer, la gente no ha de ser siempre mala; confía pues es una de las mejores cosas que se pueden hacer; siente pues sin eso la existencia resulta vacía; vive pues de eso consiste.

Vive porque la vida es vívida, activa, no pasiva. 

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