lunes, 26 de septiembre de 2011

Después de ese todo

Entreabro los labios a la espera de un leve roce de los tuyos, medio somnolienta aún en nuestro lecho. Quiero sentir que estás ahí, que no es cruel imaginación mía que fantasea aún no siendo consciente yo de ello. Por eso siénteme de la misma manera que yo quiero sentirte, busquémonos con ojos cerrados en medio del sueño que todavía nos apodera. Porque no me quejaré, no me apartaré, me mantendré sumisa; más hazme una señal que me corrobore tu presencia, que eres real, que lo de ayer lo fue. Y quiéreme, lentamente y con ternura; un brazo rodeándome mientras tu proximidad me va transmitiendo la calidez de tus sentimientos hacia a mi.

Pero no lo haces y yo me desespero aún no exteriorizándolo ¿No lo ves? Mis labios tiemblan ante tu posible beso ¿No lo notas? Mi piel se eriza al pensar que tu mano la pueda recorrer en un tortuoso y lento camino que sólo tu conocerías. ¿No lo escuchaste? Fue la sábana mover, como lo hice yo, pues no podré aguantar más tu negación a acercarte a mi.

¡Qué dulce sensación albergaría nuestro pecho al abrazarnos los dos bajo las sábanas perladas por los recuerdos de ayer, el retozo de mi alma al sentir el contacto de tu pecho con mi espalda, el brillo de mi renovada mirada al tenerte de esa manera y mi mente extasiada por el aroma que emanas todo tu!

Así que aprovecha la magia que nos envuelve y demuéstrame con ternura aquello que con pasión me lo hiciste saber ayer: rocémonos con los labios y abrázame; porque hoy, sólo hoy, me verás así ante ti.


*El amor no es más que la sumisión del cuerpo y el alma. El amor es la tentadora y dulce trampa que impide actuar y pensar. Por tanto ¿para qué amar?

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